Seymour Lipton, Catacumbas

Seymour Lipton, Catacumbas, 1968. Níquel y plata sobre metal monel, 83 × 68 × 32 pulgadas. Prestada por el Museo Metropolitano de Arte, donación del artista, 1986 (1986.276.3). Fotografía de Dror Balinger.

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Valerie Fletcher: Seymour Lipton, a diferencia de la mayoría de los artistas, no se propuso ser escultor, pintor o grabador. Él se propuso ser dentista y, de hecho, le fue bastante bien en esta profesión. Sin embargo, el trabajo que hacía con las manos en la odontología lo llevó a trabajar en la talla, sobre todo en madera, y a dejar de lado la precisión de su trabajo como dentista para crear formas más abstractas en madera. Estas suelen considerarse orgánicas en el sentido de que se asemejan a formas que se encuentran en la naturaleza. Evitaba los ángulos marcados. Evitaba el realismo.


Tras una década y media de hacer obras de talla, Lipton se vio profundamente conmovido por lo que estaba sucediendo en el mundo en la década de 1940. Particularmente, en 1945 y 1946, las revelaciones de las atrocidades que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial lo impactaron muchísimo. Las imágenes que se transmitían en los noticiarios de los campos de concentración en Alemania y de la devastación nuclear en Hiroshima le hicieron replantearse sus objetivos en el mundo de la escultura y empezó a realizar obras abstractas más representativas en cuanto a la forma. Esto quiere decir que las obras sugieren algo, pero no representan ninguna figura, e invitan a cada uno de los espectadores a examinarlas para poder determinar qué es lo que están viendo.


Dejó de hacer obras de talla y empezó a trabajar en metal directo, es decir, en planchas de una aleación llamada metal monel. Tomaba soldadores y sopletes y añadía níquel, plata, cobre y otros metales a las superficies para crear una especie de textura intrigante que reflejaba la luz, pero que también, a veces, insinuaba algo un poco espeluznante, como si fuera una piel monstruosa.

Pionero, una de las figuras del año 1957, insinúa una figura de pie, con el torso y las piernas y una especie de maraña de brazos cruzados. El título, por sí solo, sugiere algo muy positivo, una aventura, alguien que está emprendiendo un nuevo camino. Sin embargo, la figura se ve muy estática y distante. Su significado podría considerarse, quizás, una paradoja: un pionero que no se dirige a ningún lado.

La siguiente obra, Catacumbas, es mucho más compleja y puede considerarse una construcción puramente abstracta. Sin embargo, si se observa con atención, también pueden verse tres o más figuras: tal vez, tres personas sosteniendo algo entre ellas, como un niño o un objeto. El título es desconcertante. Catacumbas sugiere un lugar de entierro, pero la obra muestra figuras que están de pie. No obstante, todas son huecas. No son más que estructuras vacías.


Para terminar, la última obra del grupo, Guardián, es realmente inquietante. Es, básicamente, un rectángulo suspendido, pero, en la parte superior, una extraña cabeza esférica y hueca con una enorme boca abierta se inclina hacia adelante como si quisiera amenazar al espectador. Se puede ver, de hecho, como una amenaza, pero el título Guardián sugiere que se trata de una figura amenazante que solo es hostil hacia el mal o hacia las cosas negativas. Nos protege a nosotros y a quienes están a su alrededor del peligro. Catacumbas es mucho más compleja y puede considerarse una construcción puramente abstracta. Sin embargo, si se observa con atención, también pueden verse tres o más figuras: tal vez, tres personas sosteniendo algo entre ellas, como un niño o un objeto. El título es desconcertante. Catacumbas sugiere un lugar de entierro, pero la obra muestra figuras que están de pie. No obstante, todas son huecas. No son más que estructuras vacías.


Para terminar, la última obra del grupo, Guardián, es realmente inquietante. Es, básicamente, un rectángulo suspendido, pero, en la parte superior, una extraña cabeza esférica y hueca con una enorme boca abierta se inclina hacia adelante como si quisiera amenazar al espectador. Se puede ver, de hecho, como una amenaza, pero el título Guardián sugiere que se trata de una figura amenazante que solo es hostil hacia el mal o hacia las cosas negativas. Nos protege a nosotros y a quienes están a su alrededor del peligro.



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Seymour Lipton, Catacumbas, 1968.

Estadounidense, 1903-1986 

 

Seymour Lipton se graduó en la Universidad de Columbia en 1927 y se convirtió en dentista. Sin una formación formal en arte, finalmente comenzó a tallar esculturas de madera. La habilidad manual de Lipton como dentista le sirvió bien como escultor, y desarrolló un estilo que divergía del realismo anatómico. Como otros de su generación, por ejemplo, Alexander Calder (1898-1976) y David Smith (1906-1965), Lipton reconoció que las esculturas de metal tenían más resonancia en la era de las máquinas. Comenzó a fundir bronce en 1940-1941; sin embargo, después del bombardeo de Pearl Harbor, el uso de metal se restringió al esfuerzo de guerra, por lo que Lipton trabajó intermitentemente con láminas de chatarra. 

 

Como muchos otros escultores en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, Lipton creó obras abstractas que sugieren, en lugar de representar literalmente, figuras humanas. El Pionero dispuesto verticalmente evoca una forma de pie, con dos piernas largas y un revoltijo de brazos coronados por la ausencia de una cabeza reconocible. Si bien el título Pionero implica un líder valiente y audaz, la figura es estática sin movimiento hacia adelante. Esta yuxtaposición puede servir como metáfora de la ambigüedad de las ideas e ideales modernos, es decir, que los estereotipos heroicos del pasado pueden no ser tan relevantes en nuestro mundo contemporáneo. 

 

Las esculturas de Lipton de la década de 1940 expresan el lado más oscuro de la naturaleza humana. En la década de 1950, sin embargo, su trabajo había comenzado a sugerir regeneración y renacimiento. En este contexto, Pionero puede verse como la representación del proceso cíclico de la vida y la muerte. En general, la década de 1950 fue de reconstrucción, crecimiento y prosperidad; sin embargo, la era también estuvo marcada por nuevas ansiedades, incluida la Guerra Fría y los conflictos en Corea. Por lo tanto, las esculturas abstractas de la posguerra de Lipton a menudo transmiten la fragilidad de la vida con una sensación de amenaza al acecho. 



En 1951, Seymour Lipton descubrió las ventajas del metal monel, una aleación industrial que se obtiene de láminas finas y resistentes. El artista calentaba y moldeaba este material para darle formas abstractas. Con soldadores y sopletes, el escultor daba forma a finas varillas de níquel, plata, plomo y cobre sobre superficies moldeadas para simular diversas texturas, desde las más ásperas hasta las más delicadas. A mitad de su carrera, Lipton comenzó a crear pequeñas armaduras de metal que servían como modelos para realizar esculturas en tamaño real. Lipton afirmaba que “no se puede dar la vuelta a un dibujo” y fabricaba bocetos tridimensionales a partir de finas láminas de metal, que soldaba con puntos con la ayuda de un pequeño soplete.


En comparación con Pionerola escultura Catacumbas es más abstracta y arquitectónica. Aunque no hay una narrativa explícita, las formas principales son espacios huecos y oscuros delimitados por láminas de metal que brillan con la luz. Los tres elementos verticales principales parecen figuras totémicas que están agrupadas y que sostienen a una cuarta forma más pequeña, quizás un niño o una ofrenda ceremonial. Esta agrupación de figuras sugiere que podría tratarse de una ceremonia familiar o religiosa, como un bautismo o un entierro. 


La última fase de la Segunda Guerra Mundial (sobre todo, las revelaciones del genocidio en los campos de concentración nazis y la devastación nuclear en Japón) impulsó a Lipton a abordar temas sombríos expresados en términos metafóricos. Como en muchas de sus obras, Lipton eligió un título que provoca especulaciones y distintas interpretaciones. El término “catacumbas” se refiere a cualquier cementerio subterráneo, pero suele asociarse a los refugios subterráneos y lugares de entierro de los primeros cristianos que se escondían de la persecución del Imperio romano. Las tres “figuras”, cada una de las cuales es una única forma cóncava totalmente hueca, encontraron un entorno en el que prosperar. Los espectadores podrían deducir que Lipton quiso representar estos cuerpos físicos como estructuras transitorias, una creencia que comparten muchas religiones.



Seymour Lipton, Catacumbas, 1968. Fotografía de Ben Aqua.
Seymour Lipton, Catacumbas, 1968. Fotografía de Paul Bardagjy.

Ubicación: Health Learning Building, quinto piso

GPS: 30.2756, -97.7336